martes, 2 de abril de 2013

Jobs y ejemplos a evitar o cuestionar en crisis

Demócrates o Demócrito (460 a.C. - 370 a.C.)
















Que sirva para quién trate de justificar a banqueros y empresarios de inmobiliarias que están ganando dinero con los desahucios, la deuda que queda a los desahuciados y la venta posterior de estas casas. Y todo ello con la mayor tranquilidad del mundo sin cuestionarse lo que están haciendo. Esto no es más que es vender mierda, dinero sucio. 

También recuerdo los halagos que recibió a su muerte Steve Jobs, una figura vital para entender la historia y el presente de la informática, pero no por ello hay que olvidar el claroscuro de sus logros. Ahora que se ha editado un cómic sobre él y el Budismo Zen, por mucho que le interesara el Zen era de lo más lejano a la empatía budista, ya que era abusivo con sus trabajadores y se comprobó en sus fábricas de componentes en China que se hacía firmar a los trabajadores -y a sus familias- un contrato donde se eximía a la empresa cualquier responsabilidad en caso de accidente, suicidio y muerte del trabajador dentro de estas fabricas. Suena mal, pero suena todavía más mal cuando te enteras que estos currantes tenían jornadas interminables y trabajaban con productos tóxicos.

Solo pensar en ello es muy duro, y tendriamos que ser conscientes de ello cuando compramos o usamos un Apple Macintosh, un PC último modelo (aquí nada de Mac vs. PC y rivalidades tontas) o cualquier otro dispositivo fabricado -en estos casos- en Asia. Lo que es un lujo para nosotros viene precedido en estos países de malas condiciones para otros (y no es el único caso dentro del gran abanico de productos disponibles que tenemos por mucha crisis que tengamos). El Zen influiría a Jobs en sus conceptos informáticos, pero absolutamente nada en el aspecto más importante de todos y el que de veras hace que valga la pena la práctica del zen: el humano-espiritual. 

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