jueves, 7 de octubre de 2010

Recuerdos de Germinal (1885) de Émile Zola


La novela Germinal del escritor francés Émile Zola (1840-1902) es el título número trece de la saga familiar de los Rougon-Macquart (ambientada en el periodo histórico del Segundo Imperio francés). La traducción más conocida es de la Mauro Armiño, que fue la que a la postre compré dentro de la colección 13/20 de Alianza Editorial.

Leí Germinal hace cinco años y después de su lectura me quedó la impresión de haber vivido una GRAN historia, en la que un pueblo minero de la zona de Lille es consciente de las abusos de los que es objeto y lucha por sus derechos. Zola es un maestro en su tratamiento del análisis social, la observación del carácter de los personajes, la épica y la tensión argumental. Una muestra de ello es el final del penúltimo capítulo de la séptima parte, de un dramatismo y una  melancolía tales que me impactaron profundamente. El horror también ocupa un lugar bastante importante en el desarrollo de los acontecimientos, aunque sin llegar -en la mayoría de los casos- al paroxismo de las escenas más sangrientas de La Bestia Humana (aunque tela las que hay, joer).

Respecto a los personajes, muchos de los mineros se hacen querer y el lector interioriza la miseria, la rabia, las alegrias y los sufrimientos de la gente del pueblo (Maheu, la Maheude, Rasseneur, la Mouquette, el pillo de Jeanlin, Bebert, Lydie, Zacharie, etc...). Se les puede catalogar de brutos en la mayoría de los casos, pero con una gran capacidad de ser felices con poca cosa. En el lado de los burgueses imperan más las apariencias, la hipocresia y la más descarada explotación de los mineros, pero también hay espacio para  que aflore algo más dentro de ellos. Tampoco sale muy bien parado algún que otro militante sindical. Mención muy especial para dos personajes: Etienne Lantier (la novela se puede entender como un viaje iniciático de este personaje hacia su expiación y madurez) y la menuda Catherine (que por si sola es el símbolo de todos los oprimidos).

En lo que respecta a las siete partes de que consta la novela, en mi opinión la primera es una buena introducción, la segunda es modélica, la tercera y la cuarta tienen altibajos y de ahí hasta el final fue todo una carrera febril donde no pude dejar de leer (o sea, también modélicas).

Os aconsejo la lectura de Germinal si teneis ocasión y ganas. Y un aviso, prestar atención al último capítulo de todos, es ahí donde está el alma de la novela aunque de la sensación de que es un anticlimax (como ocurre con el Saneamiento de la Comarca del final de la trilogía El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien).

Émile Zola, padre y alma mater del Naturalismo y máximo representante de este crudo, visceral y crítico movimiento literario, también me dió otros grandes momentos de lectura en la saga Rougon-Macquart con La Fortuna de los Rougon (1871)La Jauría (1872), La Taberna (1878), Naná (1880), El Paraíso de las Damas (1883), La Obra (1885), La Bestia Humana (1890) y El Dinero (1891). Los sentimientos que experimenté por las vidas de sus personajes iban desde la alegría hasta la tristeza infinita, pasando por el espanto y la más honda compasión (en el sentido de la karuna del budismo).

5 comentarios:

  1. Sentimientos similares a los que despertó (en mi caso) la lectura de 'David Copperfield'. Una obra maestra que me reveló a un autor, Dickens, especialmente dotado y, lo que es más impotante, hondamente preocupado por el devenir existencial y el sufrimiento del ser humano. El calado de una obra artística (hablo por mí) siempre lo vinculo a dos factores: su calidad técnica (la forma) y su contenido (fondo), especialmente cuando éste se refiere a los sentimientos que nos definen como almas sintientes y sufrientes (aunque la luz al final del túnel esté siempre presente).

    En el caso de Tolkien lo que siempre he encontrado irresistible, más que su abrumadora e incomparable capacidad para crear un cosmos de la casi nada, es el sentimiento de trascendencia y belleza absoluta que impregna gran parte de su obra (unido, además, a un evidente y compartido amor por la Madre Naturaleza).

    *Un católico algo heterodoxo, la verdad... en el fondo era más pagano y panteísta que Panorámix, el druida (algún día hablaremos del grandioso Goscinny).

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  2. Las novelas de Dickens es una cuenta pendiente que tengo con este autor. He leído cuentos de terror donde muestra habilidad, pero el grueso de su obra son sus novelas tipo Oliver Twist, claro está :-)

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  3. Lei "Germinal" a partir de tu recomendación en el Patio. Por supuesto, nunca existió motivo alguno para arrepentirme de tal acción :-)))
    Luego, la recomendé yo...

    Hay una escena que quedó fijada: Cuando bajan a la mina a un caballo en edad de trabajar; pobre animal que jamás volverá a ver la luz del sol.

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  4. Fue en los tiempos en los que eramos tan activos en el foro de Usenet es.humanidades.literatura :-)

    La escena del caballo es una muestra del quehacer de don Émile. Es como si no quisiera intervinir en el devenir de sus personajes, sea este bueno o malo. Deja que las cosas sigan su curso.

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  5. En las páginas de 'David Copperfield' y 'Oliver Twist' encontrarás una reconfortante calidez, una honda empatía por el sufrimiento de los inocentes, una constante reivindicación de las virtudes más elevadas del alma (la inocencia, la pureza, el perdón, el sacrificio), una sutil e incisiva crítica de la podredumbre social de la época y un finísimo empleo de la ironía.
    Dickens no se distancia de los héroes de sus novelas y, aunque los somete a duras pruebas, nunca deja de velar por ellos, guiándolos y protegiéndolos de forma afectuosa y sincera.

    El maestro Tolkien afirmaba que la verdad de un autor (literario) se encuentra oculta en las páginas de su obra. Si esto es así, las de Dickens nos revelan a un genio con corazón; un gran hombre de notabilísima estatura ética y espiritual.

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