Un viaje por Moscú (del 28 al 31 de Julio de 2017)
Gigantismo. Esta es una palabra que podría sintetizar las sensaciones que me he traído de mi viaje a Moscú, la capital de Rusia, que duró del 28 al 31 de Julio. Mientras que San Petersburgo era una ciudad más europea y como más manejable, Moscú es ella misma, grandiosa tanto en extensión como en distancia, y es sin duda una de las ciudades más importantes de Europa y del mundo (y es que Rusia es parte indisoluble de la cultura e historia europeas, por mucho que por estos lares nos la vendan como si fuera un país alienígena respecto a la Unión Europea y que somos "amigos del alma" de los Estados Unidos). Plasmar este viaje será imposible de resumir sin caer en un retrato parcial, pero lo intentaré hacer lo mejor posible :-)
La primera razón de querer visitar Moscú fue por algo muy personal, como de cerrar un ciclo o una especie de reencuentro. Todo comenzó por el Museo de la Cosmonaútica que existe en Moscú y que documenta los logros de la extinta U.R.S.S. en la Carrera Especial que mantuvo con los Estados Unidos entre 1957 y 1991. La Astronomía fue mi primera pasión de niño, siempre me ha interesado en mayor o menor medida, y me dije que era el momento cuando decidí volver a Rusia después de mi visita del año pasado a San Petersburgo.
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Pero esto era el plato fuerte desde el punto de vista histórico y monumental, lo que no esperaba era lo que luego se convertiría una experiencia emocional totalmente inesperada. Teníamos contratados mis compañeros de viaje del Kremlin la asistencia a un evento de música folklórica rusa. Esperaba un grupo de música estándar al uso, y me veo llegando a un teatro inmenso situado al lado de la mezquita más grande de todo Moscú, donde ibamos a asistir a un espectáculo de ballet, música y canto de nombre Kostroma, integrado por los mejores bailarines y bailarinas rusos. Una vez comenzado el espéctaculo se pudo percibir que el lazo conductor era la historia de Rusía desde los tiempos paganos hasta la actualidad y teniendo en cuenta la diversidad de pueblos que la integran. Si bien el lazo conductor musical era el folklorismo ruso no se cerraban a sonidos modernos y en ocasiones a ritmos claramente extranjeros en alguna pieza determinada (un charleston jazzy, un ritmo de batería de bossa nova brasileña y otro de rock para reflejar la primera Rusia pos-soviética).
Entre pieza y pieza este espectáculo de Kostroma se me fue metiendo dentro y terminó conectando con mi ser, como en un sentimiento de emoción, belleza y la tristeza o melancolía rusas (en algún momento me pareció oir arreglos de "Ochi Chyornye" y de la "Kalinka"). Era como interiorizar el alma rusa. Dificil de explicar y que fijo no será lo mismo presenciarlo en vivo que verlo en el DVD del salón de tu casa. Cuando volví esa noche a mi hotel me acosté con la sensación de estar completo, que ya el viaje a Moscú ya hubiera valido la pena si hubieran sido solo esas dos horas del espectáculo. Recuerdo ese día como un no parar durante muchas horas.
El día siguiente fue la visita al Museo de la Cosmonaútica y el regreso a la Plaza Roja, pero también pude estar en el famoso Metro de Moscú, la Catedral del Cristo Salvador y el Mausoleo de Lenin.
¡Caramba con el Metro de Moscú! Lo venden como un Metro especial construido por los soviéticos en los años 30 como un palacio para el pueblo, y es verdad! Todo parecido con el Metro de Barcelona que frecuento es pura coincidencia, y no solo la construcción y decorados de las estaciones, sino la frecuencia y puntualidad de este. Dependiendo de la estación había mosaícos de Alejandro Nevski y otras figuras de la historia rusa, pinturas de inspiración soviética con Lenin y sin él, estatuas en esa misma línea (que los moscovitas tocaban para pedir suerte para sus deseos), etc...
La Catedral del Cristo Salvador fue una experiencia que tampoco esperaba, algo se me removió dentro como no lo habían hecho las Catedrales del Kremlin. Puede que por la música de inspiración bizantina que sonaba (A veces el compositor griego Vangelis tiene bastante de este sonido) o la atmósfera que desprendía el lugar, no lo se. Muy curioso, ya que esta Catedral fue destruída por orden del dictador soviético Stalin y reconstruida después de la caída del comunismo. Una mención también a la Puerta y Capilla Ibérica o de la Resurrección (en una de las entradas de la Plaza Roja, donde como muestra de respeto realicé un rito ortodoxo de las velas).
Y si hablamos de historia del comunismo y de la Unión Soviética (1922-1991), existe el nombre propio de su fundador Vladimir Lenin. Después de su muerte en 1924, los dirigentes soviéticos vieron oportuno preservar su cuerpo de la corrupción. Así se creó el Mausoleo de Lenin que se encuentra en la Plaza Roja al lado de la muralla del Kremlin, y que atrae a miles de turistas rusos y extranjeros que quieren contemplar por un instante a una figura histórica de gran importancia en la historia del siglo XX y de la historia general también (Sin Lenin y la Unión Soviética no se entendería la existencia de muchos movimientos y partidos políticos de izquierda actuales). Cuando pude entrar fuí bajando unas cuantas escaleras (vigiladas siempre por policias), y a medida que ibas introduciéndote en el Mausoleo la temperatura iba bajando hasta la cámara interior donde estaba el cuerpo de Lenin. Después de seguir sin pararme como dictaban las ordenes y salir los visitantes nos encontramos con la Necrópolis que, al lado de la muralla del Kremlin, contaba con la tumbas de los dirigentes soviéticos entre Stalin y Chernenko (excepto Nikita Jrushchov y el todavía vivo Mijail Gorbachov) y otras figuras ilustres del periodo soviético (como el astronauta Yuri Gagarin, que cuenta con su propio monumento futurista en la ciudad).
Para terminar estos ocho vídeos que hice durante la visita a Moscú (el último del Mausoleo de Lenin cuenta con un recorrido por la Necrópolis):
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