jueves, 7 de noviembre de 2013

Una reseña de "El Yermo" de Sergi Llauger


Recuerdo una conversación con el podcaster Ignacio Zarranz (de Fase Bonus) en la que hablamos sobre la importancia del entorno donde creces para nuestro desarrollo vital como seres humanos y estuvimos de acuerdo en que, aunque hayas crecido en el peor entorno del mundo, siempre hay una oportunidad de escoger para trascender en nuestro interior sus agrios limites. ¿A que viene todo esto? Esta es precisamente la esencia que he sacado de mi reciente lectura de El Yermo, la nueva novela de Sergi Llauger publicada por Minotauro

Este dilema de esperanza versus "falsa seguridad" es con la que tiene que luchar el protagonista Adam Reichert durante toda la historia de El Yermo, hacer de la esperanza un sueño inconcluso o una posible realidad. Aquí el peor entorno del mundo es un Londres post-apocalíptico donde la civilización tal y como la conocemos es un fantasma de antiguas prepotencias tecnológicas y consecuencias no medidas por ególatras que no pensaron en el futuro de su gente. También la sociedad de la Inglaterra post-nuclear ha sacado a la luz la peor cara del género humano, donde la supervivencia se consigue a costa de lo que sea (especialmente en los campos ético y espiritual). Adam tendrá la oportunidad de creer o no en los ecos nostálgicos de su padre y emprender un viaje de final incierto que puede suponer su paso de joven de 21 años a hombre maduro.



Como ya ocurrió con su Diario de un Zombi en Dolmen, Sergi Llauger me ha dejado al final con unas emociones dentro que me reafirman en su talento como escritor. Se nota una progresión respecto a su primera novela. Al contrario que Diario..., el argumento y desarrollo de El Yermo en Minotauro es propio de la Ciencia-Ficción pero cuenta con préstamos generosos del género de Terror. Una muestra de ello es la parte en la que se presenta por primera vez a los Nocturnos, unas criaturas terroríficas que provocan el pánico en la sociedad británica post-nuclear. Llauger busca y consigue una prosa bonita que no esconde el bosque. También se nota el trabajo de Sergi para que nada esté puesto de manera gratuita a lo largo de la obra y que todas las piezas encajen al final (un ejemplo es el primer viajero con el que se encuentra Adam que llama la atención lo justo para luego acordarte de él cuando vuelve a aparecer en otras circunstancias).

Las relaciones entre personajes vuelven a tener mucha importancia. Está la que existe entre los dos hermanos Adam y Caleb, que refleja muy bien esa ligazón tan familiar (nunca mejor dicho) en la que los roces o falta de entendimiento campan a sus anchas acompañados de la necesidad de estar juntos y del miedo a la pérdida de un ser querido. Otra muy conseguida es el matrimonio Belicci, donde Sergi consigue imprimir en las mejores escenas de la pareja una ternura y un lenguaje corporal que se palpa en el ambiente. Y luego está la de Adam con el albino Efraím, el personaje más cautivador de la novela que con su mezcla de misterio, nobleza y aparente falta de empatía consiguió capturarme. Efraím también arrastra su propia maldición a cuestas pero al igual que Adam también inicia su propio camino. 



Un extracto de la novela que me encantaría que leyérais: Adam se encuentra en un momento apurado y encuentra a dos viajeros, un padre y su hijo que lo miran con curiosidad. Después de una conversación y un acto altruista del padre, Adam realiza esta pregunta al hombre:

- ¿Por qué me has ayudado? - necesitó saber.

El hombre lo observó como si realmente se sintiera satisfecho de haberlo hecho. 

- Cuando ya no veamos ninguna luz reflejada en la mirada de los hombres, significará que las tinieblas del camino terminaron convirtiéndonos a todos en bestias. - Volvió a sonreír y le dió una palmada leve en el hombro-. Que tengas suerte, viajero. Sea cual sea tu destino... - Dicho esto, dió media vuelta y padre e hijo retomaron su trayecto en silencio. 

Adam soltó un suspiro parecido a una sonrisa. Aquella lección de moralidad le acababa de otorgar una energía que ni toda la comida ni el reposo del mundo podrían ofrecerle (...)

Este párrafo coincidió más o menos en el tiempo con un comentario del libro de sapiencia oriental I Ching que me hizo llegar el traductor y practicante zen J. A. Rodríguez Canosa. Un poderoso mensaje ya sea Confucio, Richard Wilhelm u cualquier otro el comentarista:

"El I Ching nos enseña que si queremos evaluar el carácter de alguien, tenemos que ver con qué se alimenta y con qué alimenta a los demás. Quienes cultivan comportamientos y relaciones inferiores, son gente inferior y quienes cultivan cualidades superiores en sí mismos y en los demás, son gente superior. Esta es una prueba que deberíamos hacer con los demás y con nosotros mismos"

Yin y Yang. Inspirar y expresar honestidad o maldad, idealismo o indolencia, egoísmo o altruismo. La eterna lucha del ser humano para elegir una opción u otra. Es la prueba de Adam como personaje literario y de todos los que formamos como individuos la especie humana. 

Se puede resumir El Yermo como una lectura muy recomendable que auna entretenimiento de calidad con bastantes posibilidades de decir cosas interesantes al lector interiormente. Un 9 sobre 10 en este campo. Entretener y decir cosas no debería estar reñido en ninguna arte creativa.

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