viernes, 18 de marzo de 2011

B.K.S. Iyengar: "L'Arbre del Ioga" (Pagès Editors)


Hace pocos días que termine de leer el libro L'Arbre del Ioga, la traducción catalana de The Tree of Yoga (1988) de B.K.S. Iyengar (editado por Kairós en español como El Árbol del Yoga). Mi opinión no puede ser más que positiva, ya que me ha resultado muy interesante y aleccionador. 


B.K.S. Iyengar nació en 1918 (Bellur, India) y su infancia fue un cúmulo de perdidas familiares y terribles enfermedades (malaria, tuberculosis, etc...) que consiguió superar. En plena adolescencia se fue a vivir con su tío Sri T. Krishnamacharya de Mysore, de quién aprendió las artes del Yoga convirtiéndose en uno de sus más decididos discípulos. Animado por Krishnamacharya, comenzó a dar sus propias clases en Pune a partir de 1937 y poco a poco su fama y número de alumnos fue creciendo. En 1952 entabló amistad con el músico clásico  de origen ruso Yehudi Menuhin, que le animó a viajar a Europa (París, Londres, etc...). El fruto de estos viajes fue el primer contacto de muchos occidentales con la disciplina del Yoga, convirtiéndose en uno de sus principales divulgadores en su labor de docente y autor de más de una docena de libros. En 1975 fundó el Ramamani Iyengar Memorial Yoga Institute en Pune en memoria de su esposa fallecida y en 1984 se retiró de la enseñanza dejando como legado una gran cantidad de centros en todo el mundo que enseñan el método o yoga Iyengar (que engloba las enseñanzas de Patanjali, un enfoque terapéutico y el uso de soportes para alumnos con limitaciones físicas). A día de hoy, Iyengar sigue teniendo buena salud a sus 92 años (con un poco de suerte será centenario como su colega la profesora de yoga Indra Devi, que murió a los 102 años).

L'Arbre del Ioga (publicado por Pagès Editors en 2010) es un libro claro, conciso y gratificante acerca de la filosofía y la vertiente espiritual y/o mística del Yoga. No abusa demasiado de términos indios y sánscritos que puedan dificultar la lectura. Iyengar ahonda en los temas que más preocupan al alma del ser humano (la vida, el amor, la salud, la felicidad, la vejez, etc...) y también se interesa por otros más filosóficos y psicotécnicos (la metafísica india, los Yoga Sutras de Patanjali, la medicina india o Ayurveda, etc...). Todo ello utilizando el simil de las distintas partes de un árbol. Me gusta mucho su enfoque de Occidente y Oriente, muy lejos de cualquier aversión hacia la medicina occidental en la que pueden caer algunos adeptos al orientalismo o la New Age (el propio Iyengar dice que el Ayurveda también tiene soluciones alopáticas además de las homeopáticas). También recuerdo lo exigente que parece ser con los profesores que enseñan su método, a los que proporciona un código ético de gran responsabilidad respecto a los alumnos. De hecho, anima a los propios alumnos a probar a sus profesores para que estos sigan aprendiendo como docentes y como personas.

Para terminar traduciré dos párrafos del libro al castellano:

"Cuando era joven y la sociedad no me respetaba en absoluto, era una persona pesimista. La gente decía que estaba loco. Ahora, cincuenta años de pruebas y errores me han llevado a un punto en el que veo con claridad lo que hago y lo que enseño. Errar es humano. Incluso las personas más evolucionadas cometen errores. He enseñado a muchas personas espirituales en este mundo: científicos, filósofos, santos, sabios. ¿Creeis que no aprendo nada de ellos? Yo todavía estoy aprendiendo"

"El movimiento de los momentos se ve en los pensamientos en estado de vigilia, los pensamientos emergentes y los movimientos restringidos. La persona de intelecto maduro intenta vivir en el momento sin ser atrapada por el movimiento de los pensamientos que emergen y se desvanecen. El movimiento es el pasado y el futuro; el momento es el presente. El practicante cultiva su mente, su inteligencia y su consciencia para vivir en el presente, y cada vez que pasa de un momento a otro, va con el momento, pero no con el movimiento. Esto es meditación".

3 comentarios:

  1. Qué alegría me da comprobar que todos los grandes maestros coinciden en un punto fundamental: la sagrada importancia del Ahora.

    Cada día veo con más claridad que en el núcleo de toda práctica espiritual SINCERA radica la total y absoluta aceptación del momento presente. Aquél que consigue integrar esta premisa en su vida cotidiana con honestidad y valor es lo que yo, personalmente, considero un maestro.

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  2. Incluso Nietzsche dijo a su manera bruta algo así como "que hay que ser imbécil para no vivir en el momento presente" (era en un libro de Valdemar del que no recuerdo el título).

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  3. Es que es lo único que existe. Tanto el pasado como el futuro son mentales. No hay realidad en ellos. Por lo tanto, una excesiva identificación con semejantes abstracciones, aparte de reforzar el ego, es una fuente garantizada de dolor y sufrimiento.
    Esto en la teoría, por supuesto. En la práctica, hacer del Ahora el núcleo fundamental de nuestra existencia es una tarea de lo más ardua.

    Y, por supuesto, la más importante de todas.

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