miércoles, 12 de mayo de 2010

Apuntes sobre el Marte violento de Edgar Rice Burroughs

por Antonio Ortiz Carrasco
(artículo escrito el año 2001 para su publicación, no recuerdo ni la editorial ni la revista).


1. Datos biográficos de E.R. Burroughs

Edgar Rice Burroughs nació el día 1 de septiembre de 1875 en Chicago (Illinois). Su padre era un veterano de la Guerra Civil y llevaba una destilería de alcohol. El joven Burroughs se educó en diversas escuelas militares. Después de reincorporarse a la vida civil se casó en 1900 con Emma Centennia Hulvert, que le dará dos hijos y de quien se divorciará en 1934. Después de probar una gran cantidad de trabajos diversos, Burroughs decidió dedicarse a la literatura de forma amateur, que, a la postre, le reportaría tanta fama y prestigio que decidió dedicarse a ella profesionalmente. Su primer éxito comercial tuvo lugar con la novela Una Princesa de Marte (A Princess of Mars), cuya primera publicación en la revista All‑Story Magazine data de 1912 y que fue la primera aventura de su héroe John Carter. Poco después escribió la primera de sus novelas de Tarzán, sin duda su personaje más conocido: Tarzán de los Monos (1914). Le seguirían más de veinte novelas basadas en las andanzas del mismo personaje. También escribió otras estimables obras ambientadas en la Luna, Venus (protagonizadas por Carson Napier), Júpiter y Pellucidar (una tierra legendaria situada en el Centro de la Tierra). Burroughs murió en Encino (California) el día 19 de marzo de 1950.

2. Algunos apuntes sobre la obra de Burroughs

Antes de entrar en materia, no estaría de menos ofrecer unas cuantas pinceladas sobre el conjunto de la obra de Burroughs. En la saga de Marte y muchas otras historias del autor, son evidentes un gran afán por la aventura y un desmedido interés por lo exótico, dos actitudes que se complementan magistralmente con la detallada descripción que hace Burroughs de los paisajes nacidos de su imaginación. Su gusto por la descripción, que prácticamente obliga al lector a tomar al escenario como un personaje más del entramado, lo podemos interpretar como una faceta propia de un explorador, en la que el propio Burroughs parece vivir los descubrimientos de sus personajes, ya sea en la geografía marciana, el África negra o el centro de la Tierra.

Otro punto que no se nos debe escapar es la constante de Burroughs de abandonar una saga cuando ha explotado todo el escenario de la misma, lo que facilitaba que inventará más sagas ambientadas en otros mundos. La excepción a la regla fue Tarzán, que tuvo que continuar de manera artificial a causa de imperativos editoriales.

En suma, el escritor ofrece tres perspectivas desde la que se debe analizar su regusto por el escenario exótico: como aventurero, como explorador y como paisajista.

3. John Carter de Marte

Siempre me han disgustado las introducciones o los textos en lo que el autor concede primacía al lucimiento y antepone su firma a la obra a la que, en teoría, debe servir. Sostengo que una referencia como ésta debe ser más una invitación a la lectura y una mera fijación de parámetros referenciales que cualquier otra cosa.

Por ello, me gustaría fijar una premisa. Las referencias al paisaje marciano ideado por Burroughs se limitan a buena parte de Una princesa de Marte. Hay ocasiones en las que una referencia o un detalle apuntado a destiempo arruina la lectura, y la intención de este artículo es más reflejar el espíritu que efectuar una alegre y desmedida práctica del «spoiler». Buena parte del atractivo de la saga reside en el descubrimiento progresivo del planeta rojo tal cual lo imaginó su autor, y no seré yo quien prive al lector de ese placer.

Marte ha sido un astro que ha fascinado a los hombres de todas las épocas. Su color rojizo podía inspirar fácilmente historias de sangre y guerra. Desde los babilonios hasta los romanos lo han venerado bajo distintos nombres. La literatura y la música se han dejado influir por el planeta rojo, como lo demuestran la novela La Guerra de los Mundos de H. G. Wells o la pieza Marte de la suite Los Planetas del compositor clásico Gustav Holst, y así un largo etcétera de ejemplos diseminados por nuestra cultura.

El Marte de Edgar Rice Burroughs, llamado Barsoom por sus habitantes ficticios, es un claro y conseguido exponente de los mitos asociados a nuestro planeta vecino. Es un mundo en decadencia. El agua, la flora y todos los recursos naturales que hacen posible la vida están desapareciendo de manera irreversible, y el deterioro de la atmósfera marciana acelera el proceso. Todas las especies animales de Barsoom se ven abocadas a una actitud agresiva en una lucha fraticida por la supervivencia, desde las especies inteligentes como los tharkianos o los hombres rojos hasta animales como los calots y los toaths. La vida es barata y los genocidios sistemáticos son moneda corriente en un día a día en Marte.

El héroe del Marte de Burroughs es John Carter, un caballero sureño de Virginia, que llega a Barsoom desde la Tierra merced a un viaje astral. De alta estatura y físico musculoso, Carter es un personaje de corte darwiniano que intenta escalar posiciones dentro de la cruel sociedad marciana, lo que le ocasiona no pocos conflictos con los valores morales y éticos que ha heredado de sus ancestros terrestres.

Los tharkianos u hombres verdes son quizá la especie más interesante de Barsoom, circunstancia que Burroughs explota en forma de detalladas y amenas descripciones sobre su tipo de sociedad y sus costumbres. Los tharkianos, de inmensa estatura y con seis extremidades, son la más viva muestra de una cultura guerrera llevada hasta sus últimos extremos. Están organizados en diversas comunidades independientes unas de otras que obedecen nominalmente a un líder común que vive en la ciudad de Thark. Su modo de reproducción es ovípara y está concebida de la misma manera fría y calculada, a través de una selección artificial donde procrean los machos y las hembras más capacitados y donde se eliminan a las crías que nacen débiles, con alguna malformación o simplemente que rompen el cascarón con retraso. Los huevos de las hembras reproductoras son incubados durante cinco años en construcciones desperdigadas por los dominios de Thark, donde pueden ser presa de hombres verdes de otros grupos tribales o de otras especies de la zona.

Los tharkianos suelen habitar en ciudades abandonadas por razas marcianas ya extintas. Su modo de vida es espartano, un orden social donde no tienen cabida sentimientos como el afecto, la amistad o el amor filial (Presentes en los tharkianos de hace miles de años, pero que han ido desapareciendo a medida que Marte se hacía más inhabitable). Su concepto del honor contempla únicamente el punto de vista militar, y los miembros de la comunidad tienen que subir en el escalafón social matando a rivales que se encuentren en un nivel superior al suyo. La población tharkiana disfruta con estos duelos mortales y experimenta también un gran placer con la tortura de los prisioneros de guerra.

Los hombres rojos son también una especie muy llamativa en la saga marciana de Burroughs. Han creado la civilización más avanzada del planeta y poseen un físico muy similar al de los hombres terrestres. Son el resultado de un previo y masivo mestizaje entre las razas humanas anteriores, creadoras de muchas de las ciudades abandonadas de la superficie marciana. Son conscientes de que Barsoom está muriendo y hacen de la preservación de la atmósfera marciana una de sus prioridades científicas. A pesar de su refinamiento cultural, también adolecen de un instinto guerrero que lleva a ciudades‑estado como Helium y Zodanga a luchar entre sí.

De entre los animales superiores de Barsoom, los simios blancos son la especie más violenta y hostil. Tienen seis extremidades, como los tharkianos, y están dotados de una gran altura y fuerza física que los hace unos enemigos formidables para sus rivales. Son capaces de utilizar garrotes como armas. Se les puede encontrar en el interior de los edificios de las antiguas ciudades marcianas, lo que provoca frecuentes enfrentamientos con los hombres verdes.

El Marte de Burroughs es demasiado extenso para condensar todos sus aspectos dentro del breve espacio de este artículo, por lo que invito al lector a descubrir por sí mismo el entrañable mundo de fantasía y maravilla que se esconde detrás del nombre Barsoom.

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