sábado, 17 de septiembre de 2011

Osho (Bhagwan Rajneesh): "Meditación"


Me regalaron hace un tiempo este libro de Osho junto con otros de Kafka, Pablo Neruda y Manuel Vázquez Montalbán. Como ocurre en muchos otros casos, quién me hizo este regalo no conocía la historia de este gurú y maestro espiritual hindú que, bajo el nombre Bhagwan Rajneesh, creó una poderosa secta destructiva en Estados Unidos que acabó con la intervención gubernamental en los asuntos del ashram de Rajneeshpuram (en el estado de Oregón). Después de su cambio de nombre a Osho y su misteriosa muerte en 1990, sus continuadores han potenciado con éxito las ventas de su legado audiovisual y escrito, consiguiendo una influencia incuestionable dentro del movimiento New Age y en el concepto occidental del Tantra (más bien una vulgarización del Tantra original hindú).

He leído este libro con detenimiento y basicamente da buenos consejos (con alguna excepción poco clara como el concepto espiritual de madurez sexual a los catorce años). Es claro el sincretismo occidental y oriental del pensamiento de Osho, no es inusual encontrar referencias a la filosofía occidental, el pensamiento indio, el Budismo Zen, el Taoísmo o incluso la psicología humanista. Paradojicamente muchos de los mensajes que da son contrarios a la devoción que sentían sus acólitos por él (autoconocimiento, el maestro interior, independencia del gurú, etc...). En el aspecto literario sigue un estilo sencillo e impersonal que permitiría, por ejemplo, intercalar párrafos de este libro en los títulos de espiritualidad  y superación  personal de autores de éxito como Jorge Bucay, Eckhart Tolle y otros. 

Eso sí, teniendo en cuenta la historia de este personaje (al que catalogaría de jeta simpático), aconsejo leer este libro con madurez y sentido común para no caer en dinámicas de admiración y seguidismo por un maestro espiritual, uno de los excesos de la espiritualidad junto con el de perder el propio Centro durante la búsqueda y no tener los pies en el suelo (como lo sería en el campo racionalista negar cualquier minimo atisbo de trascendencia en el ser humano). 

Hay que ser como el agua, sentir el fluir del propio camino y no dejar que nada ni nadie nos obstaculice en ese desempeño, y es este principio de inviolabilidad del camino de un ser humano el que tiene que regir en la espiritualidad y la relación entre personas (cuando gurús, creyentes o manipuladores varios te niegan ese respeto te están negando todo).

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