martes, 10 de agosto de 2010

Sting conoce a su ídolo musical Miles Davis


El cantante Sting y el trompetista Miles Davis se conocieron en 1985. Poco podía imaginar el ex-lider de The Police que iba a ser toda una experiencia (aunque totalmente opuesta a las que tuvo con el arreglista Gil Evans y el compositor Antonio Carlos Jobim, con los que tenía un vínculo filial). Sting ya sabría de la faceta Jekyll-Hyde del carácter de Miles, pero había que contar con lo que pasaba en aquellos momentos con el jovencísimo bajista Darryl Jones.

El rockero británico y el jazzman afroamericano lo reflejan en sus respectivas autobiografías.

La versión de Miles Davis en un escueto párrafo de su autobiografía de 1989:
Terminé de grabar You're Under Arrest entre los meses finales de 1984 y los primeros de 1985. Fue lo último que oficialmente hice para la Columbia. En esta ocasión, Bob Berg reemplazaba en la banda a Bill Evans al saxo, Steve Thornton ocupaba el lugar de Mino Cinelu y mi sobrino Vincent Wilburn tocó la batería en sustitución de Al Foster. En aquel álbum aparece también el cantante Sting, porque Darryl Jones estaba grabando con él y me preguntó si podía traerle, y yo le dije que podía. La voz de Sting en el álbum es la del policía francés. Sting es un buen chico, a pesar de que yo ignoraba entonces que trataba de llevarse a Darryl como bajista de su grupo.


La versión de Sting en su autobiografía Broken Music:
Muchos años después conocería a Miles Davis cuando me invitaron a acudir a su estudio de Nueva York. Anteriormente le había robado a uno de sus excelentes músicos para un proyecto mío, y fue precisamente él, Darryl Jones, por aquel entonces miembro de mi grupo, los Blue Turtles, quien me puso cara a cara con mi ídolo.

El gran hombre clavó los ojos en mí.

-Sting, ¿eh?

-Pues sí - contesté.

-Sting - repitió, saboreando la palabra en la boca como un escupitajo -, ¡qué pedazo de cabezón tienes, joder!

Su voz no era más que un susurro malévolo. Todo aquello me alteraba un poco la sangre, por no decir otra cosa.

-¿Exactamente que quieres decir, Miles?

-¡Tío, que te he visto en una peli, coño, y tu cabezón llenaba toda la pantalla!

No sabía a cuál de mis películas se refería, pero ese comentario provocó una risa socarrona que contagió a los presentes. Todo el mundo se reía menos yo. Debía notárseme que estaba un poco violento, molesto incluso, por lo que Miles, supongo que para reparar el daño, añadió:

-Bueno, Sting- empezó, paseando otro salivazo por aquella famosa embouchure-, ¿tú sabes francés?

-Sí- contesté con cierta cautela.

-Vale, pues traduce esto.

Me entregó una copia de los derechos que se les leen a los detenidos en Estados Unidos: "Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra...".

Tragué saliva sólo de pensar en la tarea que me había encomendado. Apenas hablaba un francés rudimentario que me bastaba para meterme en líos, desde luego no para salir de ellos. Por otro lado, el gran Miles Davis me había encargado un trabajo y quería satisfacerle con todas mis fuerzas.

-¿Cuánto tiempo tengo?.

-Unos cinco minutos- replicó.

-Vale.

Me entró el pánico más absoluto. Salí corriendo hasta la recepción del estudio y pedí un teléfono. Llamé a Londres rogando que Trudie estuviera en casa. Mi mujer habla francés como si fuera su lengua materna. Contestó el ama de llaves.

-No, no está. Se ha ido al Bullock Cart, en Westbourne Grove. El restaurante indio ese.

- Mierda.

El tiempo no perdonaba.

-¿Puedes conseguirme el número, Carol?. Es un poco urgente. Mierda, mierda, mierda, tardaba una eternidad. Por fin volvió a ponerse, me dio el número y lo marqué.

-Hola, ¿puedo hablar con una persona que está cenando ahí?. Es una rubia de ojos verdes, seguramente lleva minifalda y tacones, es muy guapa.

Seguían pasando los segundos. El ayudante de Miles metió la cabeza en la habitación.

-¿Qué, ya?.

-Sí, un momento- aseguré, y entonces se puso Trudie al aparato-. Hola cariño. No me hagas preguntas, por favor. ¿Puedes traducirme un texto?.

Y se lo leí: "Queda detenido. Tiene derecho a permanecer en silencio. Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra... ¡Así que cállese!.

A los pocos minutos volví a entrar corriendo en el estudio, mostrando victorioso mi pedacito de papel.

-Vale, ven conmigo.

Miles me hacía señas para que le acompañara a la cabina de voz.

-Cuando yo te diga, grita esa gilipollez en francés con todas tus fuerzas, ¿vale?.

-Vale- repuse.

Estaba en la cabina de grabación con Miles Davis, uno de mis héroes de la infancia, a punto de gritarle los derechos de los detenidos en francés mientras sonaba un fondo muy animado en los auriculares. Miles me miró y asintió. Me lancé.

-Vous êtes en état d'arrestation, vous avez le droit de garder le silence, tout ce que vous direz pourra être retune contre vous. Alors tais-toi!.

Y Miles respondió, señalándose la entrepierna:

-¿Ah, sí?. ¡Pues toma tais-toi, hijo de puta!.

A los pocos minutos estaba en la calle. Tenía la sensación de que acababan de atracarme, pero estaba exultante y orgullosísimo. Salía en el disco de Miles Davis. Se llama "You're under arrest" (Queda detenido).


Para finalizar un párrafo posterior -cronológicamente hablando- de la autobiografía de Miles, donde este se sincera sobre lo que pasaba con Sting, Darryl Jones y él mismo:

(...) Yo caminaba en dirección a mi hotel, situado en el centro de Tokyo, arrastrando por el suelo los auriculares de mi walkman. Darryl lo vio y dijo: «Eh, jefe (muchos de mis músicos me llaman "jefe"), arrastras los auriculares por el suelo!»
Recogí los auriculares, me volví y dije a Darryl: «¿Y a ti qué coño te importa? Si ya no estás con nosotros, ¿qué coño te importa? ¡Ve ha decirle esas cosas a Sting, que será tu nuevo líder!» Estaba furioso contra Darryl por el hecho de que pensara dejarme, pues su forma de tocar me gustaba de veras, y estaba seguro de que se marcharía con Sting: lo sentía en mis huesos. Vi que lo que acababa de decir le dolía, vi la pena reflejada en su rostro. Mira, Darryl había llegado a ser casi como un hijo para mí, ya sabes, porque él y mi sobrino Vincent eran íntimos. Simplemente, me entristecía que me abandonase y se fuera a tocar con Sting. Podía comprenderlo en lo referente al dinero, podía aceptarlo intelectualmente; pero en aquellos momentos me era imposible admitirlo emocionalmente y fue el disgusto lo que motivó mi reacción. Más tarde vino a mi habitación y tuvimos una larga charla y las cosas se aclararon. Cuando se disponía a salir, me levanté y le dije: «Jey, Darryl, lo comprendo, tío. Dios te bendiga en todo lo que hagas, macho, porque yo te aprecio y me gusta tu forma de tocar.

6 comentarios:

  1. Miles Davis... el perfecto ejemplo de artista genial y gilipollas redomado (añadir a la lista, dotados tiranuelos de similar calaña: Picasso, Caravaggio, James Cameron, Michael Bay...).

    En fin...

    He terminado 'Diario de un zombi'.

    He aquí mi opinión (aunque no tenga ná que ver con este post):

    El libro de Sergi es un relato conmovedor, emotivo, edificante y muy entretenido.

    Rezuma, como ya te comenté, una dulce ternura y un cálido e inteligente uso del sentido del humor.

    'Diario de un zombi' es, sobre todo, la narración de un recorrido iniciático que trasciende los límites del género y se erige, conscientemente, en una fervorosa loa a la importancia del sacrifico, el perdón y la redención (valores, como ya sabes, popularísimos hoy en día).

    Así, la novela de Sergi Llauger se convierte en un hermoso canto al amor incondicional, escrito con ardiente entusiasmo y una sensibilidad que denota, seguramente, un corazón noble.

    'Diario de un zombi' es una fábula que bebe de muchas fuentes y que, en determinados momentos, provoca una sensación de déjà vu. Como ya dejé constancia en una reseña anterior, el durísimo periplo de Erico (entrañable, noble y atormentado antihéroe) y Paula (arquetipo de la pureza y los valores más elevados del alma) me recuerda, por su sensación de peligro ominoso y las escasas posibilidades de llegar a buen puerto, al peligroso y aterrador viaje de Frodo y Sam a las baldías tierras de Mordor. O, por poner un ejemplo más reciente, al angustioso y terrorífico peregrinaje de Viggo Mortensen y Kodi Smith en 'The Road', película inspirada en el apocalíptico relato de Cormac McCarthy.

    Almas delicadas y sensibles enfrentadas, en todos estos casos, a un futuro incierto y a un presente infestado de amenazas.


    Lo curioso -y gratificante- es que cuando uno acaba de leer 'Diario de un Zombi', no puede evitar sentir unas ganas considerables de dar un fuerte abrazo al autor.

    Pues tal es la sensación de empatía que uno establece con los dos protagonistas.

    ResponderEliminar
  2. jajajajajajajajaja el gran Miles y sus cosas... Me encanta como explica Sting el encuentro con su ídolo. Y la escena de Miles gritando: "¿Ah, sí?. ¡Pues toma tais-toi, hijo de puta!" es impagable

    ResponderEliminar
  3. Y Sting haciendo de policia hablando en francés (¿Y como se llamaba el grupo que tenía con Andy Summers y Stewart Copeland? tachan!!!)

    ResponderEliminar
  4. Scorsese aún, Ibur, pero ¿¿¿Michael Bay??? ¿Lo dirás de coña, no? ;-D

    Respecto a Miles Davis, que duda cabe que tenía esa parte oscura, pero también era capaz de ser una persona muy tierna. Un volcán tanto para lo bueno como para lo malo.

    ResponderEliminar
  5. Lo de Michael Bay era coña, hombre. Pero lo que no se le puede negar es su impresionante virtuosismo técnico y visual. Su genialidad a la hora de planificar y encuadrar las escenas es, al igual que su mala leche, LEGENDARIA.

    Un tipo que domina su oficio como pocos.

    A pesar de que sus películas ostenten la profundidad espiritual de un zapato.

    ResponderEliminar
  6. Ya intuía que era coña tal como mezclabas los nombres :-D Lo que no cambía es el carácter de todos estos personajes, para echarse a temblar.

    ResponderEliminar